Casimiro desde el sur.
Casimiro es un nombre propio, y también una palabra compuesta que describe un acto incompleto.
Las miradas así como las palabras no solo representan; cada expresión construye y valora un mundo diverso.
Casi-miramos desde el sur, un sur diferente a cada paso.
La marca Patagonia estandarizó un relato totalitario y monotemático a base de exclusión de la diversidad social estética y política de la región y sus pobladores. Instala muchas de las expresiones del pueblo patagónico como objeto de consumo para efímeros visitantes, eliminando la multiplicidad de sentidos que proponen.
Casimiro es un espacio que intenta construir un nosotros posible: otros con respecto a la marca Patagonia; otros con respecto a la estética oficial, otros de almas nómadas que proponen diversas miradas, miradas incompletas de aquello que habitamos a cada paso.
Otoño espeso
Noches de hojarasca
que se hacen trizas
nos dejan a oscuras
Cielo frìo del otoño,
niños correteando,
àrboles que dicen
Vuelan gaviotas
casas de chapa,
de puertas abiertas
Camisetas y zapatos
de agujeros negros
Una mujer
de bellos cabellos rojos
que amenazan y amanecen
El rufiàn de bigotes espesos
como una sopa de puchero
atiende la verduleria
Una niña madre
compra una manzana
y sale mordiendo feliz
Una gitana rubia
con gloria de ojazos de noche
mira por la ventana
entre sàbanas colgantes
y colchones apilados
Cruzando niños maradonas
los malos poetas entran al almacèn
en busca de un lastre para sus almas
Ella vuelve con sus bolsas de las compras
y los canallas màs escabrosos,
que vienen desde las màs diversas procedencias,
la miran con respeto y chamuyan bajito:
hoy juega boca,
hoy tocan los pibes chorros.
y sonrìen porque la vida es buena.
Extraìdo del Libro El Prado de la desnudez - Autor: Gonzalo Vera.
Tacto
Si mis manos pueden hoy
manchar como el carbón
sangrar color rubí
¿será que pude escribir?
Gabriela Quiliñan
Vértigo
Un precipicio debajo del cual
puede un colchón de flores o
una madera astillada esperarnos
es la hoja en blanco.
Gabriela Quiliñan
Apátrida
Nada sabe de patrias
el viento
que desguaza las banderas.
Gonzalo Vera, "El prado de la desnudez", Talleres Graficos del Mallin Ahogado, El Bolson; 2008.
Mudo
Cuando se disuelve la expresión
Y se vuelve sombra de la sombra
Viento sobre viento, y marea,
Perfume respirando en el aliento;
Cuando después del amanecer
Amanece torpemente
Ciegamente
Escucho
Las palabras prestas a sucumbir
En el espacio de tu silencio.
El día que aprendí a andar sin manos
Por esos días las mujer de ojos calidoscópicos
y piel de radal había dejado de amarme
y yo andaba deambulando, con las espinas clavadas
aún en el firmamento de sus hombros.
Un amigo habíua hecho un espacio en su casa
para el depósito de mi cuerpo
y mis bolsillos sangraban desempleo.
La vida se me había hecho raíz. Lo que se dice verdaderamente raíz.
Fue en esa época.
Uno de esos días me subía a la bicicleta y salí al pueblo
a comprar papas.
Y en el camino dejé de sostener el manubrio,
anduve cincuenta,
cien metros
crucé el pinar
dos kilómetros sin tocas el manubrio.
Respiré el fin del verano, y pensé que las purtas del infierno
había que golpearlas con la rueda de adelante,
y que entre las raíces había un buen lugar donde quedarse
a vivir para siempre,
un lugar donde no existe la mezquindad, es decir,
el miedo a caerse.
Gonzalo Vera
Bolsas
Yo tengo tantas duda, amigo, cuando me hablan de la luz del alma.
Y en todo caso nadie puede negar(y menos aun las libres de la ruta cuarenta)que la luz enceguece.
Es cierto también que la oscuridad enceguece.
Que estamos en abril,y el viento en la cara enceguece.
Que la lluvia enceguece.
Que el verano enceguece,con sus piedras y sus palabras relumbrando en los ojos.
Que la neblina espesa de los recuerdos enceguece.
Que los gases lacrimógenos enceguecen.
El vino enceguece.
El amor enceguece.
El odio enceguece.
La indiferencia enceguece.
Los golpes en la cabeza enceguecen.
La ausencia de golpes en la infancia enceguecen.
No hay caso mi amigo:
Estar vivo es estar ciego.
Estar muerto no sé.
Lo que sí sé es que hay gente en este mundo que está muerta en vida.
En una vida absolutamente ciega.
Es por eso que dudo tanto amigo.
A mí me habla del alma y pienso en esas bolsas de nylon que vuelan con el viento de abril
Podría pensar en hojas de nogal, pero veo bolsas
que se enredan en los coirones de la meseta,
que quedan enmarañadas en oscuros laberintos
de espinas.
Bolsas sin ojos,bobas bolsas bobas que no guardan nada,
que nada ven, perdidas como están, adiós bolsas, en la eternidad.
Gonzalo Vera
28
La noche ya desaparece incompleta
Huella lluviosa calla la llanura
Un cuerpo finísimo, una cintura perfecta
Se queda, pincelada cenicienta, muda de trinos.
Esta mañana

imprudente de tristeza
Pregunta levemente por el dueño de sus grises.
Se silencia, sabe que esta lejos
Sabe también que va a venir.
Resuena continua, verbo incoloro,
La savia otoño que marchita desde adentro.
Vana tarea.
Retener en mis ojos tu forma de amanecer huérfano
Que despunta inabarcable, joven.
En mi ínfimo espacio, en los límites de mis relieves ajados
Te dejo anochecer, te dejo ir.
Todos los días.
Pablo Soto